Sí hay que imaginar cosas ch…nas, siempre y cuando…

De las frases más recurrentes que he encontrado en redes sociales en la última semana y media han sido: “Ellos no se imaginan cosas chingonas, ellos las hacen” o “no hay que imaginarse cosas chingonas, hay qué hacerlas” y “Mientras ellos hacen cosas chingonas, la Selección Mexicana sigue imaginándoselas”, por supuesto con sus miles de variantes.

Todo esto a raíz de la entrevista de Javier ‘Chicharito’ Hernández con David Faitelson, donde mientras el entrevistador quería dejar en claro que el nivel del Tri no da para siquiera unos cuartos de final, el entrevistado apelaba a un cambio de mentalidad e incitaba a afición, medios y jugadores mismos a ver más allá diciendo: “imaginémonos cosas chingonas, carajo”.

Como muestra de que en México (y varios lados más) lo que digas puede y SERÁ usado en tu contra, a Hernández le salió el tiro por la culata. Tras las derrotas ante Suecia y Brasil, son muchos (incluyendo gente en medios de comunicación) los que han tomado esa frase como lanza para atacar la actuación del seleccionado nacional y sus compañeros en Rusia 2018.

Esto surge especialmente cuando vemos a otras selecciones tener éxito tras pasar por condiciones adversas. Croacia es el mejor ejemplo; no falta aquel que vea el ejemplo croata de llegar a la final en su corta historia como nación y con una población que no llega ni al 5% de los mexicanos que vivimos en el país, para decir que ellos no imaginaron cosas chingonas, las hicieron.

Sin el afán de defender a Hernández, su declaración (que tenía una intención positiva) no fue mala, pero sí estaba incompleta. Por supuesto que Croacia se imaginó llegar a una final del Mundial, claro que Bélgica se imaginó ser de los cuatro mejores del mundo, es evidente que Francia se imaginó volver a pelear por un título mundial. Lo importante es que entendieron que imaginarse las cosas, es solo el PRIMER paso de muchos.

Ninguna selección (equipo, artista, profesionista, científico, etc.) que ha trascendido ha llegado a sus partidos “a ver qué pasa”, a ninguna va a decir “yo vengo a hacer cosas chingonas” y si le preguntas “¿qué vas a hacer?” te conteste, “no sé, yo solo vengo a hacer cosas, no a imaginar”.

Claro que los casos antes mencionados y muchos más se imaginaron cosas chingonas y después, con base en esa visión, hicieron planes, plantearon objetivos y estrategias que los llevaron a conseguir meta tras meta y a fallar en otras. Después hubo que cambiar un poco el rumbo y ajustar, pero a final de cuentas ese gran objetivo que en un principio solo estaba en la imaginación, se alcanza gracias a las acciones que se llevan a cabo posteriormente a la visualización.

Muchas veces se malinterpreta la maquiavélica frase de que “el fin justifica los medios” como que todo es válido para alcanzar una meta, pero su significado real, es que el fin determina la estrategia, los pasos a seguir y los elementos a utilizar para conseguirlo.

Es un absurdo pensar que algo se puede alcanzar sin imaginarlo, sería como querer llegar a un lugar con los ojos cerrados y sin tener una noción de a dónde se tiene que llegar y sin tomar en cuenta el camino que hay que cruzar para llegar. Igual de absurdo es creer que se va a llegar a un lugar solo imaginándolo, sin caminar o sin moverse.

Es por ello que SÍ hay que imaginarnos cosas chingonas, siempre y cuando después de imaginarlas, establezcamos un plan con acciones concretas que nos lleven a conseguir el objetivo y después ejecutar ese plan, con las adecuaciones que sean necesarias a lo largo del camino.

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El verdadero lugar de la mujer en el futbol

mexico

El verdadero lugar de la mujer en el futbol es a un lado de la cancha como parte de un grupo de animación…

…y en la tribuna como espectadora, y vendiendo alguna bebida o botana, y cuidando la seguridad de los asistentes, y en los palcos o las oficinas disfrutando del partido o haciendo negocios, y en las bandas apoyando las decisiones arbitrales, y en el centro del campo haciendo que se cumplan las reglas.

También en el banquillo dando indicaciones y planteando la estrategia; obvio, en el campo disputando balones, haciendo proezas, cometiendo errores y brindando un espectáculo. Por supuesto, en una cabina o en un asiento reservado para prensa, reportando lo ocurrido en la cancha o analizando estrategias, parados tácticos, jugadas, etc. De igual manera, su lugar está en la presidencia de los equipos, en las federaciones deportivas tomando las decisiones importantes para llevar a mejor puerto el deporte.

Durante décadas se manejó el lema de “el futbol es un deporte de hombres”,  inclusive, una muestra de esta postura quedó plasmada en una de las cintas futboleras mexicanas más recordadas; El Chanfle. Justo en el momento en que nace la hija del personaje principal en pleno Estadio Azteca, el protagonista dice “va a ser futbolista”, a lo que el doctor del equipo le responde que no, porque “las niñas no juegan futbol” -es justo ahí que se entera que el que pensaba sería su hijo, en realidad es una niña-.

Los años y toneladas de esfuerzo de muchas mujeres alrededor del mundo nos han demostrado lo contrario, sí que pueden jugar futbol y no solo eso, hay excelentes árbitros, entrenadoras, médicos y muchas más que se desempeña de manera excepcional en el mundo del deporte. El problema es que a pesar de haber demostrado esa valía, la gran mayoría se sigue enfrentando a las mismas trabas de siempre; menores sueldos o ser relegadas a papeles de mera imagen, esto se hace especialmente evidente en los medios deportivos.

Si hay alguna colaboradora que le guste estar ahí por imagen y disfruta esa parte, qué bueno (no estamos aquí para juzgar), pero hay quienes a pesar de ser grandes analistas e inclusive tener una lucidez y/o intelecto mayor al de sus compañeros varones, tienen que optar por ese papel de “adorno”, simplemente para poder trabajar. También hay casos muy dignos de mujeres que se han mantenido firmes en su postura y que día con día, demuestran que el profesionalismo y la seriedad, no distinguen entre cromosomas X o Y.

Es así que aspiramos a un mundo donde las cadenas televisivas, radiales y los medios impresos, aterricen la idea de que para llegar a las mejores conclusiones (hasta en algo tan “trivial” como el futbol) se deben tomar en cuenta todas las perspectivas, enfoques y opiniones, donde el género no importa. Es así que hacen falta más analistas y comentaristas que aporten ese punto de vista que por años ha sido ignorado y en ocasiones desdeñado.

La muestra perfecta de que un proyecto con el apoyo adecuado puede brindar buenos resultados, es el reciente título de CONCACAF de la Selección Mexicana Sub-20. La Liga MX Femenil lleva tan solo una temporada, pero en el torneo de la zona, se vieron destellos que hay talento con el qué trabajar y con el que se pueda armar un plan a mediano y largo plazo, para ¿por qué no? pensar en algo similar a los logros de las Selecciones Varoniles Sub-17 y Sub-20.

Si bien no se tendrá el mismo despliegue físico y en algunas ocasiones, técnico, es hora de prestarle mucha mayor atención a la liga Femenil por sus propias virtudes. Los juegos aún son muy leales, se ve una mayor sed de triunfo que en muchos de los jugadores varoniles. Las jugadas no tendrán la misma magia que muchos de los hombres han pulido durante décadas de apoyo y preparación, pero es una manera de jugar más honesta , más “pura”, que no se ha visto afectada por tantos vicios como los tiene el futbol de varones.

Es hora de que los partidos cobren mayor repercusión y con ello traigan más patrocinadores, inversionistas y poco a poco se convierta en un negocio rentable que permita incrementar el sueldo a las jugadoras profesionales y en un determinado momento, tener una mayoría de futbolistas que solo se dediquen al futbol, como en el caso de su contraparte masculina.

Así como muchas jugadoras no tienen tantos vicios deportivos, un grupo de dirigentes femeninas en el futbol tampoco tendrían tan arraigadas las prácticas que por años han manchado al balompié. Con una representación así, podríamos incluso pensar que no existiría un “pacto de caballeros” (¿o de damas?) y que esos nuevos puntos de vista, serían un refresco más que necesario a la estructura futbolística mexicana.

Tristemente, todas estas palabras las escribo más como un deseo que como una posible realidad en un corto o mediano plazo y no solo aplicado al futbol. El balompié solo fue un ejemplo, pero en todos los aspectos de la vida cotidiana, no tendríamos que preguntarnos ¿cuál es el papel de la mujer? Pues esa pregunta tiene una respuesta muy simple, que no siempre se ha podido dar, …“el que ella quiera”.

With a f#$&n lot of luck…

MexicoGoldCupPaul McCartney dice en una de sus canciones: “With a little luck we can help it out, we can make this whole damn thing work out (Con un poco de suerte podemos ayudar, podemos hacer que toda esta maldita cosa funcione)”, pero si “esta maldita cosa” fuera la Selección Mexicana, entonces creo que necesitaríamos “a f#$&n lot of luck (un c#$&o de suerte).

Hay quienes dicen que la suerte no existe, que uno mismo la crea. Si bien es cierto que entre mejor preparado estés, será más fácil enfrentarte a muchas circunstancias. Pero también es cierto que hay muchas cosas que no están bajo nuestro control y que en ocasiones nos pueden ayudar o nos pueden perjudicar. La gestión de Juan Carlos Osorio al frente del Tri ha estado llena de factores externos que le hicieron muy fácil permanecer invicto por 11 partidos y extender la racha de la Selección a 22 juegos consecutivos sin derrota.

Claro, para conseguir resultados tienes que hacer (al menos) algo bien. Son precisamente los resultados el mejor escudo de aquellos que defienden la era Osorio. Un cuadrangular casi perfecto, 14 puntos en el hexagonal, cuartos de final en la Copa América Centenario, semifinal de Copa Confederaciones y semifinal de Copa Oro son los argumentos para defender al colombiano, especialmente si se le compara con procesos anteriores.

Lo que muchos de ellos no consideran, es que muchos de esos resultados positivos son meramente circunstanciales. Ojo, no trato de atacar al técnico del Tri, ni ser una más de las voces que piden su salida, simplemente recordarle a la gente que la suerte ha jugado mucho en su favor.

Se está caminando sin preocupaciones en una eliminatoria mundialista luego de dos procesos donde se sufrió de más. Eso sí, las muchas circunstancias más allá de la cancha le han echado la mano al cuadro azteca.

Uno de los principales logros de la Selección de Osorio fue el ganar en San Pedro Sula por primera ocasión desde 1965. Sí, una victoria histórica, pero lo que buena parte de los defensores del Predicador olvidan mencionar es que fue ante un equipo hondureño en reconstrucción, que vive un cambio generacional importante y que poco tiene que ver con su versión del 2014.

México volvió a ganar en el Cuscatlán luego de siete años de no lograrlo. Sin embargo, fue ante una selección salvadoreña cuya federación vive uno de los peores momentos de su historia.

Probablemente el mayor argumento a favor de Osorio sea el haber roto la maldición del “dos a cero” en Columbus, Ohio ante los Estados Unidos. Claro, los estadounidenses no encontraban forma de deshacerse de Jürgen Klinsmann y pasaron varios de los primeros partidos del Hexagonal Final de la CONCACAF tendiéndole la cama al técnico alemán.

Aunado a estos resultados, la casualidad actuó en favor de los verdes en más de una ocasión. Rivales fallando opciones claras de gol, una que otra decisión arbitral a favor de México y varias veces en que los porteros se convirtieron en héroes, disfrazaban partidos que llenaban de dudas a fanáticos y comentaristas por igual con victorias y empates sin un soporte sólido detrás.

Las rotaciones, los experimentos, poco a poco fueron mermando en la confianza que se tenía sobre el seleccionador.

Lo que sí debemos reconocerle a los seleccionados, es ese momento de lucidez donde supieron anotar goles sin importar su posición (especialmente defensas). El saber aprovechar ocasiones de gol en momentos clave, ha sido la mayor virtud del cuadro nacional.

El ejemplo más claro de que la diosa Fortuna le sonreía a Osorio y los suyos y que mostró su total dependencia, fueron los dos partidos ante Chile del 2016. El primer cotejo terminó inclusive con una victoria mexicana contra una Roja que se cansó de fallar ante la portería del Tri.

Luego vino uno de los dos mejores partidos de la Selección en la era del estudioso colombiano, la victoria ante Uruguay en la Copa América Centenario. Sin embargo, en cuartos de final, la historia fue totalmente distinta. La suerte no se vistió de verde en Santa Clara, California y Chile dejó de fallar sus oportunidades. Resultado: la peor derrota en partidos oficiales de la Selección Mexicana.

Muchos hubiésemos tomado ese partido como una simple llamada de atención, un evento único y que debería despertar el orgullo interno de los jugadores. Además, era el primer descalabro con Osorio al timón.

Eso hubiésemos hecho, si la historia no se hubiese repetido un año después. El otro partido memorable del Tri llegó con el empate ante Portugal (donde también los lusos fallaron oportunidades a placer) en la Copa Confederaciones. Solo para llegar a una semifinal contra un equipo que no necesita la suerte, son tan implacables que en menos de 15 minutos ya tenían el partido resuelto; Alemania.

Otra humillación con ese 4-1 donde, sí, se tuvo el control, se presionó a los teutones, pero solo porque ellos lo permitieron. Al final Portugal daría la estocada final llevándose el tercer lugar del torneo de la mano de la fortuna (ese gol de Pepe en los minutos finales).

Para colmo de males, Jamaica (quien no clasificó siquiera al hexagonal) le hizo ver su (falta de) suerte a los mexicanos en la Copa Oro.

Es cierto, el técnico y los jugadores no tienen la culpa, ni el control sobre elementos extra cancha que los ayuden o los perjudiquen. Han sabido aprovechar la mayoría de ellos y los problemas del Tri están muy dentro de sus raíces.

La Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) decidió darle continuidad al proyecto hasta su culminación tras el Mundial de Rusia 2018. Juan Carlos Osorio no se irá, pero aunque lo hiciera, otro técnico a lo máximo que aspiraría sería a un cuarto partido por obra y gracia de la motivación a los jugadores.

Ya resignados a la estadía de Osorio, el panorama para el Tri solo se ve positivo si la suerte vuelve a acompañar a los mexicanos hacia Rusia. No hay nada en los últimos partidos que me haga cambiar de opinión sobre que México, por primera vez desde 1994, no avanzará de la fase de grupos.

No se trata de pesimismo, ni derrotismo, ni desearle el mal a la Selección, simplemente, la suerte sería la única arma que podría utilizar el combinado nacional para llegar al ya acostumbrado cuarto partido.

Osorio pondrá su destino en manos de la suerte, primero para poder confirmar el pase al Mundial (matemáticamente aún no se está clasificado), para después pedir el favor más grande que pudiera pedir. Al haber perdido la Copa Oro, México ya no puede ser cabeza de serie, entonces la única opción que queda es que le toque un grupo accesible, de preferencia, el grupo del local, Rusia, aunque las probabilidades de quedar en el Grupo A tres mundiales seguidos no son muy altas.

Eso, o que las circunstancias hagan que al menos dos de las otras tres selecciones lleguen en un mal momento o con otras preocupaciones. El punto es que el futuro de la Selección depende o de un milagro, o de cuestiones que no están bajo el control del cuerpo técnico, ni de los jugadores.

México no necesita un poco de suerte, como dice Sir Paul, necesita un c#$%o de suerte si es que quiere al menos llegar al cuarto partido en Rusia 2018.

Una familia, cuatro colores distintos

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El núcleo de mi familia está compuesto por cuatro personas y a las cuatro nos une el deporte, pero nos separan los colores. Si hablamos de futbol o de futbol americano, cada quien tiene su propio equipo.

Es muy común que dentro de una familia, los gustos deportivos se hereden de padres a hijos o de abuelos a nietos, tíos a sobrinos etc. Inclusive si hay una división entre los padres, alguno de los hijos opta por tomar el lado de alguno de ellos, aunque no falta el rebelde que decide jurarle su lealtad a otro equipo que no tiene nada que ver con los de sus parientes.

Futbol

Yo crecí en un hogar donde Cruz Azul, América, Pumas y Atlas se convirtieron en los amores de cada uno de sus integrantes. Mi padre creció en una familia meramente cruzazulina. Aprendió a apreciar el balompié viendo a figuras como Héctor Pulido, Javier Sánchez Galindo y Fernando Bustos. Disfrutó del dominio y poderío que le brindaban (además de los ya mencionados) Miguel Marín, Alberto Quintano, Octavio Muciño, Eladio Vera, Cesáreo Victorino y Gerardo Lugo entre muchos otros.

Por el otro lado, la familia de mi madre siempre ha defendido los colores del América a capa y espada. Recuerdo a mi abuelo siempre referirse a los de Coapa como el “Glorioso América”. No fue ninguna sorpresa que su hija adoptara el amor por los cremas y jugadores como Héctor Miguel Zelada y Agustín Manzo ayudaron también para acrecentar el gusto. Por supuesto, la década de los 80 estuvo llena de alegrías futbolísticas para ella.

En el trabajo de mi padre solían prestar accesos para el Estadio Azteca y al jugar tanto Cruz Azul como América en el Coloso de Santa Úrsula, mi papá solía llevarme a ver especialmente a los celestes. Desde siempre he tenido el gusto por coleccionar uniformes o playeras de futbol, en buena medida por esos años donde tenía varios atuendos del Cruz Azul, pero también del América, Pumas y Atlante.

Cuando llegó mi hermano al mundo, la tradición continuó, solo que con dos mocosos inquietos en los asientos del Azteca. El objetivo de papá, era que al ver al Cruz Azul, sus dos hijos sintieran ese mismo amor que él sintió unas décadas atrás. Mientras tanto, mamá esperaba que alguno de nosotros, de tanto ver al América adoptáramos esos colores. La medida resultó contraproducente.

Si bien mi hermano y yo podíamos comprender por qué ambos equipos generaban tanta pasión y sentíamos cierto grado de empatía por ellos, nunca pudimos identificarnos al 100% con ninguno de los dos. Su estilo de juego no nos llenaba, su historia no nos impresionaba al nivel de convertirnos en seguidores.

En mi caso particular, sí había un jugador que me llamaba mucho la atención (especialmente por los colores estrafalarios de su uniforme). Ver a Jorge Campos jugar (siempre he tenido una relación muy fuerte con la portería), era toda una experiencia, ya fuera como portero o como delantero. Su personalidad y su habilidad hicieron saltar a mi corazón futbolero y al ver cómo todo eso se potenciaba con la relación que tenía con sus compañeros y la manera en que la afición auriazul respondía, mi amor futbolístico encontró un hogar. Los Pumas de la UNAM se habían ganado mi afición.

Si el optar por los Pumas les parecía raro a mis padres, la elección de mi hermano no parecía tener explicación. Al no ser un equipo de la capital, mucha gente no entendía cómo mi hermano terminó volviéndose rojinegro. La dinámica, la entrega, el futbol bonito y elegante que dejó Marcelo Bielsa en el Atlas y que quedó impregnado en juadores como Rafa Márquez, Jared Borgetti, Pavel Pardo y Miguel Zepeda, le llenaron el ojo a muchos y cuando se integraron Daniel Osorno y Juan Pablo Rodríguez, mi hermano terminó por dejarse llevar por la euforia atlista.

Futbol Americano

Mi padre no era gran fanático del futbol americano, pero la familia de mi madre vaya que lo es. El hermano de mi mamá practicó el deporte durante gran parte de su juventud (y también en años no tan mozos) e hizo que la afición por ese deporte creciera. Él solía jugar en un equipo cuyos colores eran el morado y el amarillo, emulando el atuendo de los Vikingos de Minnesota. Por ende, él y mi madre se convirtieron en fans de aquel equipo.

El caso de mi padre es un poco peculiar pues no tiene un equipo definido, sin embargo, sí tiene un pequeño lugar en su corazón por una generación en particular de jugadores. Él se dejó encandilar por aquel equipo de Chicago de 1985, aquellos Osos a los que Mike Singletary llegó a llamar “un equipo de águilas”, por la forma en que construyeron su campeonato aquel año bajo la dirección de Mike Ditka. Richard Dent, Walter Payton, Ron Rivera y compañía son lo más cercano a un equipo favorito de futbol americano para mi padre.

Cada que me preguntan por qué le voy al equipo que le voy, siempre tengo tres palabras que decirles: TECMO SUPER BOWL. Cuando tuve ese juego en mis manos, poco sabía yo de futbol americano y lo más rudimentario lo aprendí precisamente de aquel cartucho de Super Nintendo, y estoy hablando de ese que salió en 1993. A la par que jugaba, comenzaba a ver fragmentos de los partidos de la NFL real. No tenía yo un equipo definido, pero solía elegir a los Vaqueros por gran parte de mis primos que se subieron al tren de Troy Aikman o a los Jefes de Kansas City cuando Joe Montana llegó a sus filas.

Aquel juego tenía la peculiaridad de que te presentaba cada partido (lo jugaras o no) y su resultado. Llegaba un momento en que al ver cómo le iba a los Empacadores de Green Bay, me afectaba al igual que en el mundo real. Si ganaban, me ponía contento y si perdían empezaba a hacer corajes. Poniéndoles más atención en la vida real, el liderazgo y empuje de Brett Favre me hicieron querer más al deporte e interesarme por conocer las reglas y los pormenores del mismo. No hace mucha falta explicar el júbilo que sentí en aquel Super Bowl contra los Patriotas y el coraje en aquel contra los Broncos.

Mi hermano fue un poco más fácil de convencer por su equipo, aunque también fue el único que lo encontró fuera del Norte de la Nacional. Ver el renacer de los Acereros y cómo Bill Cowher volvió a darles el porte de la antigua ‘Cortina de Acero’ fue suficiente para que su corazón se volviera negro y amarillo. Posteriormente, Ben Roethlisberger se encargaría de confirmar su decisión.

He aquí un ejemplo de cómo una familia está unida por el amor a los deportes, pero que en cuanto a colores se refiere, hay una marcada división. Ustedes ¿comparten la afición por los mismos equipos en su familia?

‘The Accountant’, o ¿Batman Cero?

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***ADVERTENCIA DE SPOILER***

Y una muy grande. Si aún no han visto ‘The Accountant’ (El Contador), tienen dos opciones: salir de aquí y no leer esta publicación; o bien, que no les importen los spoilers y quedarse por acá.

Habiendo aclarado el punto anterior, vamos a lo que nos compete. El pasado viernes se estrenó en México el más reciente filme estelarizado por Ben Affleck. Más allá de ser una cinta de acción, combinada con tintes de películas como ‘Good Will Hunting‘ y ‘A Beautiful Mind‘, pareciera ser que nos va preparando para la siguiente encarnación de Affleck como el Caballero de la Noche. ¿Será que con esta película nos están preparando para la nueva cinta de Batman?

Los amigos de MoviePilot identificaron varios de los detalles (easter eggs) que nos hacen pensar que en realidad, estábamos viendo una película del Hombre Murciélago. Aquí vamos a ir un poco más allá con esta teoría.

El reparto

Simplemente el casting nos da un pequeño vistazo a lo que veremos en la siguiente entrega de Warner Bros. de la Justice League. Ben Affleck le da vida a Christian ‘Chris’ Wolff y se une a J.K. Simmons, quien interpreta a Raymond ‘Ray’ King, una coincidencia que emocionó a varios fans de los cómics, tomando en cuenta que Simmons interpretará al comisionado Jim Gordon en Justice League y en la nueva cinta en solitario de Batman.

Otro pequeño guiño a la industria del cómic, fue la inclusión de Jon Bernthal, como Braxton Wolff. Bernthal quien robó cámara en la segunda temporada de Daredevil, ni más, ni menos que como Frank Castle, mejor conocido como The Punisher.

Cómic

En una de las escenas del filme, vemos la “guarida” de Christian, una casa rodante llena de “tesoros”. Obras de arte, cómics valiosos, como el tomo #1 de Action Comics, están resguardados como los objetos más preciados de nuestro protagonista. Lo curioso de ese cómic en especial, es que es la primera aparición de Superman como héroe de tiras cómicas y al momento de tener que escapar, es lo primero que Christian guarda en su maleta, para no despegarse de él.

¿Acaso fue una alusión a Batman v Superman: Dawn of Justice?

Personajes

Es hablando de los personajes cuando encontramos los mayores parelelismos con Batman.

Christian Wolff (Affleck) / Batman: Es un hombre con un cierto trastorno mental, cuyas capacidades cognitivas y de deducción sobrepasan las de una persona común y corriente. Disho trastorno hace que se le dificulte la interacción con otras personas e inclusive evita que se acerque a su interés sentimental. Además, fue entrenado en diversas formas de combate con varios especialistas durante su niñez y adolescencia. ¿Suena familiar?

Por si fuera poco, tiene un código moral muy particular y estricto. Durante su pasado sufrió un par de pérdidas que lo llevaron al límite y contrario a otras versiones de Batman, Wolff es capaz de matar si la ocasión lo amerita. Aunque en BvS vimos un Batman al que no le preocupan mucho las vidas de algunos maleantes.

Raymond King (Simmons) / Jim Gordon: Un agente de la ley (Departamento del Tesoro) ya entrado en años y que constantemente recibe ayuda del protagonista. A pesar de no estar completamente de acuerdo con sus métodos y su código, suele aceptar su ayuda para detener crímenes mayores.

Braxton Wolff (Bernthal) / Robin: Es el hermano menor del protagonista, mismo que también fue entrenado en muchas formas de combate y sabe escabullirse para no ser descubierto. Además, llegó un momento en que ambos hermanos se separaron e incluso llegaron a tener diferencias que terminaron en peleas. Ese tipo de relación fraternal que llega a los golpes lo hemos visto con materialmente todos los Robin de la historia.

Justine (Alison Wright) / Oracle: Una mujer con una especie de discapacidad, pero con increíbles habilidades con las computadoras y que sirve de “asistente” remota de nuestro héroe, capaz de localizarlo en todo momento y advertirle del peligro.

No es precisamente la hija del comisionado de la policía, pero sí, la hija del dueño de una institución que ayuda a niños con trastornos como el autismo, pérdida del habla etc.

 

El personaje de Dana Cummings interpretado por Anna Kendrick no responde completamente a algún personaje específico del universo Batman, pero durante la promoción de esta cinta, ella misma se propuso para darle vida a Robin (probablemente basada en Carrie Kelley, la versión femenina de Robin que aparece en las novelas gráficas de Frank Miller, mismas que parecen haber influido tremendamente en estos nuevos esfuerzos por llevar a Batman al cine).

Lo único malo, es que, a pesar del interés de Kendrick por ser la Joven Maravilla, ni Justice League, ni la próxima cinta del Caballero de la Noche tienen contemplado ese papel (lástima).

Ahora solo queda la pregunta, ¿habrá sido The Accountant una especie de Batman Cero?

México, nos vemos en Catar

 

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Al menos nos vemos con aquella ilusión que me acompañaba en años anteriores. Esta ocasión, aunque la esperanza existe, la actual Selección Mexicana no ha logrado encender la ilusión antes mencionada, de cara al Mundial de Rusia 2018.

Del Mundial de Italia ’90 solo tengo pequeños flashazos. El primer campeonato que recuerdo bien y donde apareció la ilusión, fue Estados Unidos ’94. También fue la primera vez que sentí el corazón roto gracias al Tri en aquellos penalties contra Bulgaria.

Con Francia ’98 se confirmó que México tenía algo, una magia que hacía que a pesar de los pronósticos, los verdes pudieran avanzar a la siguiente ronda. Luis Hernández volvió a alimentar la ilusión en el juego contra Alemania, pero la superioridad europea volvió a hacer trizas las aspiraciones tricolores.

Hablar de Corea-Japón 2002, es recordar uno de los momentos más dolorosos que nos ha hecho pasar la Selección Mexicana. El partido contra Estados Unidos caló duro en los ánimos de cualquier seguidor del Tri. A pesar de aquel desatino, el pase de Cuauhtémoc a Borghetti y su remate para vencer a Gigi Buffon valieron la pena en ese Mundial.

Llegó Alemania 2006 y con Irán, Angola y Portugal en el grupo, era casi una obviedad que México llegaría al cuarto partido. Lo malo, fue que tocó Argentina en octavos y un gol fuera de este mundo deshizo el trabajo de Ricardo Antonio Lavolpe y el único proceso mundialista completo que ha tenido la Selección en los últimos decenios.

En 2010, ya en la universidad y participando en diversos programas de radio, había que dejar la pasión de lado y hacer un análisis un poco más serio del panorama tricolor. La selección dirigida por Javier Aguirre no era la más vistosa, ni la mejor dotada técnicamente, pero tenía esa garra y esa magia que por momentos, hacía pensar que podía dar algo más.

Fue así que me tildaron de loco, cuando al aire se me ocurrió decir que ante Sudáfrica se iba a empatar (su récord futbolístico en ese 2010 no daba para vencer a México), con todo y el “efecto Mandela” y que los locales no iban a pasar de la fase de grupos (el local siempre había avanzado a la siguiente ronda, pero también estaban Francia y Uruguay). Cuando dije que los charrúas vencerían a México se me quedaron viendo feo, pero el momento uruguayo era innegable (al final, semifinalistas de ese Mundial).

Cuando de plano soltaron la carcajada, fue cuando dije que México le ganaría a los franceses. ¿Y cómo no iban a hacerlo, con un técnico que usaba el horóscopo para definir sus convocatorias, una serie de conflictos internos y sin Karim Benzema? Luego, la garra y la magia no fueron suficientes contra los argentinos que ya nos tenían tomada la medida.

Muy curioso fue el caso de Brasil 2014. Un gol de Graham Zusi nos dio la oportunidad de ir al repechaje por un lugar en dicho Mundial. Si bien el hexagonal final fue terrible, la diferencia entre la OFC y la CONCACAF sigue siendo enorme. Con toda la animadversión que había generado el Tri tras el paso del Chepo, de Tena y Vucetich, no faltó quien dijera que Nueva Zelanda iba a dejar fuera a los dirigidos ya por el ‘PiojoHerrera.

Cuando se dio a conocer el grupo de México, en el trabajo anticipaban lo peor y cuando se me ocurrió decir que se le podía empatar a Brasil (ya sin el Jogo Bonito, no tuvieron proceso clasificatorio por ser locales) y ganarle a Camerún (tenían tantos problemas internos que no sabíamos siquiera si iban a volar hacia Brasil) y a Croacia (el calor sudamericano los iba a hacer pedazos), me llegaron a apodar ‘Optimus Prime‘, por supuestamente tener un “optimismo desmedido” para con el Tri.

No es que fuera un optimismo como tal, sino que cada una de las selecciones mencionadas, tenía algo, una cierta característica que a pesar de los problemas, daba para creer que al menos al cuarto partido sí se llegaba.

El caso es muy distinto con el combinado actual dirigido por Juan Carlos Osorio. Sí, el colombiano lleva solo una derrota al frente del Tri, pero fue la peor derrota oficial en la historia de la Selección Mexicana. Ante Chile se evidenció lo bueno y lo malo de la CONCACAF. México representará a la zona en la Copa Confederaciones, una zona que tiene equipos como San Vicente, como Haití, Islas Guadalupe y muchas otras donde su selección ni siquiera es profesional.

Un nivel parecido al de esas selecciones se mostró en Santa Clara, California en esa infame noche, misma que será recordada por mucho tiempo. Sin embargo, el cuadrangular previo al hexagonal final, se pasó con 16 puntos de 18 y solo un empate rodeado de victorias. Eso sí, fueron victorias insípidas contra una selección de El Salvador, cuya federación vive uno de los peores momentos de su historia, un Honduras que está viviendo un cambio generacional y que le falta pulir algunos detalles y ante Canadá que aún no termina por despegar.

Para fortuna del futbol mexicano, de seis equipos que disputarán su pase a Rusia 2018, tres irán de forma directa y uno más buscará su sitio a través del repechaje. Ante estas probabilidades, sería aún más difícil que el Tri no fuera al Mundial, que el que se quedara fuera; claro, el hexagonal se abre con las visitas consecutivas a Estados Unidos y Panamá (quienes siguen clamando sangre por aquella semifinal de la Copa Oro 2015).

Inclusive después del empate en el Azteca ante Honduras, la FEMEXFUT ha decidido “morirse con la suya” y respaldar al 100 por ciento el proyecto de Juan Carlos Osorio (que no es el único culpable) frente a la Selección Mexicana, bajo una postura parecida a “si nos equivocamos, nos vamos a equivocar bien“. Puede que su estilo, alguna baja de juego de los rivales y alguna que otra individualidad sean suficientes para que México consiga su pase al Mundial de Rusia, el problema aquí, es que para un servidor, esta selección no tiene ese algo, esa chispa que pueda encender la ilusión de cara a la máxima justa del futbol internacional.

Por primera vez desde aquel 1994, tengo el temor de que (si México llega al Mundial) se jueguen tres partidos, los seleccionados vayan a conocer la Plaza Roja de Moscú, se den una vuelta por San Petersburgo y tomen inmediatamente el avión de vuelta a casa.

Es cierto, aún falta poco menos de dos años para Rusia 2018 y falta todo el hexagonal final de CONCACAF y si algo cambia durante ese tiempo, bien podrían hacerme ver mi error (y espero de corazón lo hagan), pero ante lo que ha mostrado la selección, hoy le puedo decir que, al menos acompañado de la ilusión que antes mencioné, “Mexico, nos vemos en Catar“.