La Guerra por la Octava

El campo de batalla es terrenal; la recompensa, celestial.

La gran final del torneo Guard1anes 2020 tiene un significado más especial para sus contendientes. No solo se verán las caras los dos equipos mejor ubicados en la tabla general durante el torneo regular; no son únicamente un par de equipos buscando alzar el trofeo y llevarse la victoria en este año tan atípico; son dos escuadras que buscarán plantar una nueva constelación en el cielo de la gloria.

Pumas y León pisarán los campos de Ciudad Universitaria y del Camp Nou, cada uno con siete estrellas alumbrando su camino. Historia, tradición y una garra que los une más allá de las diferencias futbolísticas. No es casualidad que ambas instituciones lleven un felino en sus escudos, pues el rugido de sus corazones emula al de aquellos que rondan la sabana y las montañas.

Es cierto, uno de ellos ha mostrado el futbol más estético y efectivo de todo el torneo. También es cierto que el otro, mostró más ímpetu y capacidad de sobreponerse a la adversidad que ningún otro en le certamen. Uno nunca ha descendido, el otro, desde que volvió, ha sido una amenaza constante para todos aquellos que osan acercarse a sus dominios.

Pero, ambos son los únicos bicampeones en la era de los torneos cortos. Ambos han probado las mieles de la victoria máxima en siete ocasiones. Ambos han estado a centímetros de obtener el octavo cetro, solo para entregárselo al otro felino que con la fuerza de su cartera, se ha adueñado de un protagonismo que únicamente podían soñar en décadas anteriores.

Esta lucha va más allá del resultado, más allá de poder proclamarse campeón. Será la prueba más difícil para la universitarios en todo lo que va del torneo. Si hubo que dejar sangre, sudor y lágrimas en las semifinales, bien pudieran parecer un juego de niños frente a lo que les espera.

También será el mayor obstáculo que los guanajuatenses tendrán en todo el torneo. Sí, fueron los únicos que lograron vencer a un equipo al que se le olvidó perder; pero lo hicieron contra 10 hombres y con un arbitraje dudoso, por decir lo menos. Ese mismo equipo que ha soportado embates al por mayor, que ha arrebatado victorias de las fauces de la derrota y que se ha acostumbrado a luchar contra lo imposible y vencer.

Dos equipos con diferentes caminos; dos legiones con diferentes historias; dos aficiones con un rugido distinto. Pero, el objetivo es el mismo, cada uno busca esa octava estrella que los lleve a cambiar el firmamento, que los convierta en una nueva constelación, digna de admirarse por sus seguidores y envidiarse por sus adversarios.

Así empieza la lucha; así da inicio la batalla más esperada de todo el torneo; así comienza la Guerra por la Octava.

Creer

Sabíamos que sería imposible; sin embargo, no creíamos que fuera a ser tan horrible. Ahora, lo único que queda es creer. Tener fe, pues toda evidencia apunta a que no existe forma de lograrlo, entonces, solo queda la esperanza de un milagro.

Nadie se imaginó (o al menos no queríamos hacerlo) que ante un torneo donde la costumbre había sido festejar, donde se alcanzó un lugar más allá de lo pensado, que todo acabaría en una tragedia más. No hace falta recordar los dolorosos episodios anteriores en Santa Úrsula, pues, siguen vivos en la piel dorada de los seguidores de Pumas. Por un momento imaginamos que se habían ido, que habían sanado. La realidad es muy distinta.

Hoy ni siquiera vale la pena el pensar en planteamientos tácticos, en estrategias o en planes de funcionamiento. La vuelta de esta semifinal no la puede ganar el futbol; esa oportunidad se dejó en el césped del Azteca. Revertir esta situación ya no está en el pizarrón blanco de Lillini, en las notas de Israel o en las palabras del chofer del equipo. Mucho menos está en las notas de la Banda MS; vaya, ya ni siquiera está en los botines de los jugadores auriazules.

Darle la vuelta a este resultado adverso es humanamente imposible. Sí y por eso, como aficionados solo nos queda pedir una actuación sobrehumana. Añorar por un partido más allá de las limitaciones de la física y de la lógica. Solo queda aclamar por una historia que le corresponde únicamente a la filosofía y a la literatura; a la mística y a la ficción.

Claro, se nos pide ser realistas y notar que todos los indicios marcan una cosa. ¿Para qué? ¿De qué sirve ser realistas? La realidad ya dio su veredicto y no hay manera de cambiarlo. Pero, ¿qué es lo que siempre le pedimos a los jugadores? Que den todo en la cancha, que hagan todo lo que esté en su poder durante los 90 minutos. Como aficionados, lo único que podemos hacer en esta ocasión es creer, creer por 90 minutos en algo más allá de las posibilidades humanas.

Creer es lo que nos queda. Si no lo hacemos, ¿con qué cara podremos exigir algo que no estamos dispuestos a dar? Creer es resistir hasta el último segundo la caída que sí, puede ser inevitable, pero nos permitirá entregarnos al abismo con la mirada hacia el cielo y no hacia nuestra ruina.

Bendita amnesia auriazul

Bendita la amnesia auriazul que llegó para el 2020, bendita sea esa sensación de olvidar no solo los malos ratos, sino el dolor que tantas veces nos acompañó en el pasado.

Muchas veces hemos escuchado que la afición tiene una memoria muy corta o que olvidamos muy rápido, pero pocas veces el olvido había tenido un sabor tan dulce.

En este torneo Guard1anes 2020, la afición Puma olvidamos lo que era no contar con un portero confiable bajo los tres palos. Aquella costumbre de saber que quien defendía la puerta auriazul era tan efectivo como esta reja:

… este torneo se nos olvidó. No solo eso, sino que hoy en día hay al menos dos centinelas que protegen esa portería como tantas veces habíamos orado, sin que esas plegarias tuvieran respuesta.

Pero, ese no es el olvido más importante de esta temporada.

Al Club Universidad le dio amnesia; una amnesia contagiosa. A los Pumas se les olvidó cómo perder. No era algo ajeno para aquellos que vestían la playera auriazul, encontrarse ante la adversidad y ser víctimas de ella. Ver a los rivales salir del rectángulo verde con tres puntos o con una eliminatoria en la bolsa.

No necesitaba ser un todopoderoso quien se burlara de los ímpetus universitarios. Inclusive equipos que navegaban por aguas turbulentas podían pintarle la cara al Puma y proclamarse victoriosos. Una escena que después de algunas buenas jornadas, se repetía una y otra vez.

Este campeonato, no. A los auriazules se les olvidó perder. Los rivales podían dominarnos todo el partido, podían asediar nuestra puerta como un ejército invasor; pero las manos de Talavera o González, los cabezazos del otro González o de Dinenno, las pizcas de magia de Álvarez, Iturbe o Vigón, arrebataban al menos un punto de las fauces de la derrota.

También es de reconocer que esta amnesia es contagiosa de una manera sutil y curiosa. Sí, a Pumas se le olvidó cómo perder, pero, a muchos equipos (excepto a uno) y en especial a los Tuzos del Pachuca, se les olvidó cómo ganarnos.

Los Cuartos de Final son la prueba más fehaciente de que la amnesia auriazul es poderosa. Pumas dio poco más de 10 minutos de futbol en los 180 pactados. Se olvidó de tener el balón, se olvidó de crear peligro; se olvidó de jugar futbol por el 90% de la eliminatoria. Pero, contagió a Pachuca.

Los hidalguenses olvidaron cómo hacer goles. No importó si fuera desde los 11 pasos o dentro del área chica, la amnesia ya estaba haciendo estragos. No importó el controlar la eliminatoria por 3/4 partes de la misma. No importó el dominar y bailar a un equipo que solo se sostenía de un salvavidas lanzado por Favio Álvarez en la ida. No importó ser mejor, importó más todo aquello que se olvidó.

Puede haber frustración. Podemos hablar de suerte, de flores o de mística. Pero, a final de cuentas, lo que más ha pesado en este sinuoso camino a las semifinales, ha sido el olvidarse de cómo perder. Hoy nos tiene con vida camino a la 8va esa amnesia, la bendita amnesia auriazul.

El sueño imposible

“Con fe, lo imposible soñar”; así versa la pieza más icónica del musical “El Hombre de la Mancha”. Hoy día, quien veló sus armas una noche ante un castillo que nadie más podía ver y que porta una armadura al estilo Don Quijote, son aquellos que visten un puma en el pecho.

En repetidas ocasiones se ha dicho que “imposible” es solo un término para referirse a algo que no se ha hecho, todavía. Y es algo que el Club Universidad Nacional se ha encargado de mostrar en repetidas ocasiones; incluyendo varias en este torneo.

“Es imposible destacar sin tener un técnico”; se escuchó y se leyó hasta el cansancio después de que un bellaco dejó que su cobardía lo hiciera saltar de un barco que no zarpaba aún.

“Es imposible competir con los equipos poderosos, por falta de recursos económicos”; era el principal argumento de aquellos (dentro y fuera de la afición auriazul) que no podíamos imaginar un torneo invicto ante los regios, los capitalinos y derrotando a los laguneros.

“Es imposible mantener el buen paso durante un torneo completo, cuando únicamente te acompaña la suerte”; y sin embargo, de 17 enfrentamientos, únicamente se obtuvo una derrota.

“Es imposible que un técnico interino pueda manejar un equipo con éxito más allá de un puñado de partidos”; hoy el equipo descansa en el subliderato de un torneo donde las expectativas eran menos que alentadoras.

“Es imposible que Pumas acceda a la Liguilla de forma directa; incluso que alcance el repechaje”; pero, hoy tienen la posibilidad de cerrar en casa hasta en una hipotética semifinal.

Y este tipo de historias no son exclusivas de un Guard1anes 2020, que, en efecto ha sido una competencia inusual sobremanera.

“Es imposible ser campeón dos veces consecutivas en torneos cortos”.

“Es imposible que un equipo mexicano venza al Real Madrid en su casa”.

“Es imposible ser campeón con un equipo que tiene a los hermanos Palacios en su alineación”.

Y ya sabemos cómo terminaron esas historias, entre otras tantas.

Tan pronto llegue la semana de los cuartos de final, no faltarán las voces que digan: “es imposible que Pumas —que le debe su éxito a la fortuna y no a su futbol—, avance a semifinales”. “Es imposible que los universitarios accedan a la Gran Final”. “Es imposible que los del Pedregal alcen la octava”. Y puede que tengan razón. Puede que el camino de Pumas haya terminado el momento de pasar la caseta hacia la Liguilla. Pero, eso no quita que el solo estar en este lugar era “imposible”.

Y este equipo no se ha cansado de soñar con lo “imposible”. Han hecho oídos sordos a esos alaridos que vociferan que lo que han logrado era “imposible”.

Es momento de vivir el sueño imposible. Alcanzarlo o no, solo depende de los que en la grama se vean frente a frente con su adversario. Pero, el sueño está vivo y mientras siga con vida, el corazón azul latirá con fuerza y la piel dorada servirá de armadura en esta épica aventura.

“Con fe, lo imposible soñar y la estrella alcanzar”.

¿Cuál “cruz” pesa más? | Cruz Azul vs Pumas

Un mismo destino, un mismo camino. Sin embargo, para llegar al prado prometido de una Liguilla sin repechaje, tanto Cementeros como Universitarios deben cargar su propia cruz. Una cruz construida por ellos mismos y que puede pesar tanto como cada uno quiera. Al final, ¿cuál pesará más?

Hoy, ambos equipos de la capital mexicana están más unidos que nunca. No por un sentido de hermandad o por una cercanía geográfica, sino por su propia naturaleza autodestructiva en los momentos importantes.

Los hoy inquilinos del Estadio Azteca se han convertido en un lugar común en las bromas y comentarios mordaces sobre el no conseguir lo anhelado, estando a su alcance. Desde aquel lejano 1999 ante Pachuca, se comenzó a gestar una especie de maldición donde las finales se convirtieron en su peor enemigo (incluyendo Copa Libertadores). Fuera cual fuera la razón, cualquier final de Liga a la que han accedido desde aquel día, ha sido una derrota para los Celestes.

Tal ha sido el impacto de esta tendencia, que inclusive la Real Academia Española de la Lengua puso en su observatorio de palabras, el término “cruzazulear”; refiriéndose a echar a perder algo en el último momento; arrebatar el éxito aunque se encontrara en las fauces de la victoria.

Y esto no ha sido exclusivo de partidos por el título. Más allá de lo conseguido por equipos como los ya mencionados Tuzos, Toluca, Monterrey, América (dos veces); también la afición recuerda un partido que se iba ganando 3-0 al mediotiempo y que los azulcremas terminaron venciendo por 3-4; por poner un ejemplo.

Es así que cada partido decisivo de Cruz Azul se convierte en una nueva oportunidad para ver una desilusión al término de los 90 minutos reglamentarios.

El caso del Club Universidad Nacional no es tan distinto en esencia, aunque lo haya sido en la forma. De algunos años a la fecha, a los auriazules parece llegarles otra especie de maldición. Aquella del autosabotaje en el momento de trascender por méritos propios.

Pareciera haber algo en la psique de los del Pedregal que limita su accionar en aquel momento donde pueden dejar de lado la suerte o la fortuna. Etiquetas como “favorito” o “depende de sí mismo”, se han convertido en un malestar común.

Ejemplos de esto podemos encontrar desde el 2015 (cuya fase final es todo un caso de estudio); aquella campaña donde se llegó a la Liguilla en primer sitio, pero que las dudas se hicieron presentes tanto en cuartos de final contra Veracruz, así como ante el América en semifinales. Sí, aquella semifinal donde después de una holgada victoria en la ida, casi se deja ir la clasificación a la Gran Final en CU, con una actuación para llorar.

Pero, ¿qué ocurrió en la final? Una derrota abultada en el Volcán quitó cualquier vestigio de favoritismo. El universo futbolístico que sigue la Liga MX daba por muertos a los Pumas para esta final. Ya sin presión, con todo qué ganar y nada qué perder, los dirigidos entonces por Guillermo Vázquez Jr. dieron un partido para enmarcar. Remontaron el déficit y lograron llevar la Final a los penaltis. Sin embargo, la instancia que en 2004 les diera el primer título de ese año, aquella donde solo dependían de lo que pudieran hacer desde los 11 pasos, terminó en tragedia. Se hizo presente ese switch en la mentalidad universitaria y lo hecho en 120 minutos quedó solo para la anécdota.

Situaciones similares donde de sus propios botines han dependido pases a la Fiesta Grande, se han desperdiciado por errores elementales o para continuar avanzando en el certamen. Llámense de planteamiento, concentración o falta de calidad; Pumas ha tenido oportunidades de trascender en sus manos, solo para verlas escapar en los últimos momentos. Sí, incluso cuando después de haber empatado en la ida contra el odiado rival y solo debes mantener ese orden, pero, terminas goleado y humillado.

El destino (bueno, la misma Federación) se encargó de poner en este punto determinante a dos equipos que suelen echar a perder las cosas en el último momento. La pregunta sigue, ¿qué cruz pesa más? ¿La celeste o la azul y oro? Habrá que averiguarlo.

El extraño caso de Javier Hernández y ‘Chicharito’

Javier 'Chicharito' Hernández

Javier Hernández está muerto… al menos, metafóricamente hablando. Su lugar, desde hace algunos años, lo ocupa Chicharito, un personaje que fue consumiendo a Javier, después de haberle dado todo en su carrera.

Cuando irrumpió en la liga mexicana, con las Chivas del Guadalajara, lo hizo con estruendo. Poco tiempo después de su debut, se mostró haciendo goles por racimos y se ganó a la afición rojiblanca; mientras iba gestándose el repudio azulcrema. Además de sus anotaciones, el jugador podía presumir un pedigree futbolístico que muy pocos tienen. Hijo y nieto de dos seleccionados nacionales; uno de ellos anotador para el Tri en una Copa del Mundo. Y gracias a los ojos verdes de su padre, le daría nueva vida al apodo que él portara. Así fue que conocimos a Javier ‘Chicharito’ Hernández.

Javier Hernández era ese joven que en los entrenamientos daba todo y más. Era de los últimos en dejar las prácticas, intentando mostrar su valía. Trabajaba su velocidad, sus movimientos y sus remates a portería. Dicha entrega y determinación lo marcarían por buena parte de su carrera.

Chicharito fue ese fenómeno mediático que deslumbró a propios y a extraños. Aquel que marcaba goles imposibles, aquel que se suspendía una eternidad en el aire para rematar. Era aquel del que próximamente se harían canciones que resonarían en los estadios ingleses.

Durante años, Javier Hernández y Chicharito convivieron en una relación simbiótica armoniosa. Eso le permitió al jugador ser campeón de goleo en México, al igual que anotarle a Francia y a Argentina en el Mundial de Sudáfrica 2010. Además, le llenó el ojo al técnico más exitoso en la historia del balompié internacional (al menos, hasta la fecha): Sir Alex Ferguson.

Si algo distinguió al número 14 del Manchester United y de la Selección Mexicana, fue esa entrega, esas ganas de mejorar siempre; esforzarse hasta el último minuto por demostrar su valor. A aquellos que lo consideraban un jugador sin técnica, sin talento y que dependía de la suerte, les mostraba que aún así, podía hacer decenas de goles en el viejo continente.

A medida que las ganas de Javier Hernández daban frutos, la figura de Chicharito crecía más y más. Como cualquier historia, vinieron los problemas. Tras el retiro de Ferguson, Javier y Chicharito quedaron bajo las órdenes de David Moyes, un entrenador que nunca tuvo confianza en el mexicano. Los minutos en la banca crecían y el ánimo de Javier se iba mermando. Pero, el nombre de Chicharito cobraba más peso.

Llegó la oportunidad soñada: llegar al Real Madrid. Los esfuerzos de Javier hicieron que Chicharito alcanzara su máxima gloria fuera de los Red Devils, eliminando al Atlético de Madrid en los Cuartos de final de la Champions League. Sin embargo, el sueño no duraría mucho y tras no conseguir un solo título ese año, los merengues que habían ganado la orejona un año atrás, lo dejaron ir.

Así como una vela tiene su punto más brillante antes de apagarse, así arribó la campaña 2015-16. Su temporada más prolífica, vistiendo los colores del Bayer Leverkusen. Por primera vez, desde su llegada a Europa, era titular constante y mostraba los dotes que lo habían llevado a brillar en aquellas tierras.

No solo anotaba goles, sino que hacía jugadas de un jugador más táctico —incluyendo un gol con todo y bicicleta—. Lo que no nos imaginábamos, era que Chicharito comenzaba a tomar una fuerza mayor, dejando de lado a Javier.

Para la siguiente temporada, Javier Hernández ya estaba desahuciado. Las ganas en los entrenamientos habían desaparecido, su carácter siempre atento y amable daba ya señales de soberbia. Las palabras que antes hablaban de trabajo y superación, ahora brindaban ataques.

La situación del técnico nuevamente no ayudó y su última temporada en Alemania fue para el olvido. La figura de Chicharito ya era reconocida en el mundo entero, pero, sin el trabajo de Javier, su luz iba apagándose cada vez más. Llegó al West-Ham United con una nueva esperanza; un técnico que confiaba en él y una afición —la inglesa— que siempre lo recordará con dulzura. Aún dejaba ver algo de esa entrega, incluso jugando como volante y no como centro delantero, pero, el daño ya estaba hecho.

El ego crecía y su desempeño disminuía. Volvió a encontrarse con Moyes y con largos periodos en la banca. No todo estaba perdido, en los pocos minutos que jugaba, tenía un promedio de gol por minuto muy similar a un Raúl Jiménez que ya despuntaba en el Wolverhampton Wanderers. Las lesiones terminarían por minar más su, ya de por sí, disminuido esfuerzo.

Sin embargo, la cantidad de goles que había marcado con la camiseta de la Selección Mexicana, le dieron el suficiente crédito para poder disputar su tercer Mundial, en Rusia 2018. Fue precisamente en ese año que escuchamos el chillido del monitor, marcando la muerte de Javier. Con solo la careta, le bastó para dar la asistencia más importante en una Copa del Mundo para México —a Hirving Lozano, frente a Alemania—, aparte de un gol fortuito —contra Corea del Sur—, que le permitió alcanzar a Luis Hernández, como máximo anotador del Tri en esta competencia.

A pesar de esos “logros”, resultó evidente que Javier Hernández ya no existía, desde antes del torneo. Aquella fatídica entrevista con David Faitelson, molestó a más de uno. En un principio, su “imaginemos cosas chingonas“, causó dudas, pero, se le daba una oportunidad al jugador, tomando en cuenta que esa es una mentalidad que se espera de un jugador profesional; ir por todo y no conformarse con menos. El problema fue que tras la eliminación ante Brasil en Octavos de final, el mundo se dio cuenta que dicha frase no tenía sustento futbolístico alguno y quedó como un mero sueño al aire.

Meses antes, Chicharito comenzó a confiar en su “coach de vida”; uno de los ingredientes más importantes del veneno que mató a Javier Hernández. Mientras en lo futbolístico se venía abajo, en materia personal, todo comenzó a mejorar para Chicharito. Tan solo un año después del Mundial, nacería su primer hijo, con una reconocida modelo australiana. Tiempo después, pasó seis meses con el Sevilla y con tres goles, parecía que lo volveríamos a ver en esa actitud de lucha y superación.

Al medio año, decidió resolver sus necesidades económicas de por vida. Firmó con Los Angeles Galaxy, por un salario cercano a los USD 7 millones. Durante mucho tiempo, se mencionó que la MLS sería el lugar ideal para el número 14; una liga de menor nivel, con muchos goles y defensas blandas. Sin embargo, no es un lugar para Chicharito.

La figura, el personaje brilló en incontables entrevistas, presentaciones personales, partidos de baloncesto, entre muchos otros eventos. Brilló tanto en otros lados, como desapareció donde debía mostrarse: la cancha.

Ya sea por la pandemia, por el nacimiento de su hija o por supuestas “lesiones”, el mexicano ha jugado un puñado de partidos, anotando únicamente un gol. En todos los demás encuentros, dando pena en la cancha. Otra vez, ni un rasgo de Javier Hernández por ningún lado.

Resultó más evidente que de empezar como capitán del cuadro angelino, haya sido relegado a la banca y para su Clásico, contra el LAFC, de Carlos Vela, ni siquiera fue considerado, una vez más, argumentando una “lesión”.

Ha sido tan decepcionante su paso por el futbol estadounidense, que Chicharito se ha convertido por fin en aquel jugador tan limitado, tan intrascendente que muchos decían que era. Hoy no está Javier Hernández para, con base en esfuerzo, mostrar que hay algo más en él. Inclusive, se ha llegado a nombrarle como el peor fichaje (al menos en la temporada) de la MLS, algo que debe causar alarma, tomando en cuenta que, en su momento, jugadores como Erik “el Cubo” Torres, Omar Bravo y Alan Pulido, han sido figuras.

Ya se habla hasta de su salida del cuadro angelino, de vuelta a las Chivas del Guadalajara. Esto sería un error por parte del tapatío. Si en la MLS no ha podido dar un solo buen partido, en la Liga MX sería el hazmerreír, tomando en cuenta que hoy, su nivel futbolístico está por debajo del de Oribe Peralta (ya no digamos de Alexis Vega o J.J. Macías) por hablar de su competencia en el Rebaño.

Si ha invertido bien los millones que ha ganado en su carrera, Chicharito puede vivir tranquilamente el resto de su vida, sin necesidad del futbol. Dicho sea de paso, el futbol mismo, hoy no tiene necesidad de Chicharito. Pero, aún queda esperanza. A sus 32 años, todavía hay tiempo para traer de vuelta a Javier Hernández. Si las ganas, la actitud de buscar ser mejor vuelven, es posible que dé un par de buenos años y hasta pensar en un cuarto Mundial en Qatar. El problema es que solo Javier Hernández puede salir de la tumba donde Chicharito lo ha enterrado tan profundamente.

The “douche” invulnerability

Since we are young, people, books, TV shows, movies, they all try to tell us that if we do something bad, something bad will happen to us. Consequences, they’re called (I’ve heard). But there seems to be a particular phenomenon in human interaction, where someone who does something bad, gets away with it, or mostly, at least. We’ll call this, the “douche” invulnerability.

I’m not saying that when someone does something it has no consequence, but sometimes, those consequences befall upon other people, instead of the perpetrator. Instant karma eludes these people (maybe some sort of later karma can get to them at some point). And they are extremely dangerous.

This phenomenon occurs in any kind of situation, from the most insignificant ones, to literally life or death situations.

Think, for example, of that student at school that throws a piece of paper at the teacher’s head. Said teacher turns and immediately signals a student. This particular student didn’t do anything, but it was in the teacher’s line of sight. They get reprimanded or even punished, while the one who threw the projectile only grins.

Another example. A person needs a parking space at the supermarket. There are plenty of slots available, but, they’re (a little) further from the entrance / exit. So, what happens? They take the space for a disabled person. They get to do their shopping without further ado, but, the disabled person who needed that slot needs to go around the parking lot for several minutes before using one of the other spaces. This space, obviously, doesn’t have enough space to lower a wheelchair, is too far away for the person with just one leg, among other issues.

True, sometimes, someone calls them on their behavior or deals with the problem. But in most of the cases, they get away with it. The biggest problem comes when the consequences go beyond some inconvenience.

DUIs. Car accidents are one of the major causes of death in most countries. The great majority of these cases are preventable. Especially when the main cause is one person doing something they shouldn’t, just because they didn’t think of the consequences.

We’re always told to drive safely. Mostly because our loved ones want to see us after the trip. But, also, because the douche invulnerability is brutal in these situations. Imagine someone who has more than enough drinks for the night (or during the day even), but still decides to take their car keys and drive. The old teachings tell us that this person is going to kill themselves. Reality is different.

How many times have we heard of someone drunk-driving and become part of a fatal accident? The point here being it wasn’t fatal for the drunk driver. It was fatal for the family on the van they rammed; it was fatal for the biker who was crossing the street while the dunk driver didn’t respect the red light; it was fatal for the people waiting at the bus stop that the driver crashed into. And the driver gets to live. (This also applies for people using their cell-phone while driving.)

The common factor in here is that all of these people just do what they want, without thinking of the consequences. And their “douchery” seems to protect them from those consequences, at least for the immediate-term.

Nowadays we’re dealing with a lot of invulnerable douchebags which represent a huge risk for a major part of the population. Yes, I’m talking about all those people who aren’t working in an essential activity; those who can afford staying at home during the Covid-19 pandemic; those who don’t need to go outside, and they STILL DO IT.

There are people who live day-by-day. Who if they don’t go out and work, they won’t have anything to eat that day. There are those who keep our countries running (farmers, retailers, transportation workers, etc.) and there are those fighting the disease from the trenches (medical workers, law enforcement, firefighters, etc.). They’re the only ones who should be going around our cities.

But we know that those who are just “bored”; those who “need a haircut”; those who are “having a small gathering with friends”, are going to be just fine. Because they’re invulnerable douchebags. They won’t catch the disease, or if they do, it’ll be a mild case or will be completely asymptomatic.

The problem comes for their grandmother who will develop a more serious case. To their elder neighbour who needs to use the handrail to come up the stairs and will probably die without even getting to the hospital. To their immunocompromised friend / colleague / acquaintance. They are the ones getting the consequences of this behavior.

So, if you’re one of these people who are feeling fine and think you can do everything as usual, while you can stay at home, please just stay at home. You’ll be alright, you’ll be just fine, you’ll get through this. Some of the people around you might not. And it’ll be totally on you. It won’t be the government’s fault. It won’t be the doctors’ fault. It will be yours.

And while you’re invulnerable from instant consequences, who knows about later, who knows about later consequences?

For all of us who are doing our best staying at home, trying to survive this pandemic, let’s keep it up. If not for ourselves, for those around us. And may we be free of the invulnerable douchebags.

Twitter: @rcbal

Sí hay que imaginar cosas ch…nas, siempre y cuando…

De las frases más recurrentes que he encontrado en redes sociales en la última semana y media han sido: “Ellos no se imaginan cosas chingonas, ellos las hacen” o “no hay que imaginarse cosas chingonas, hay qué hacerlas” y “Mientras ellos hacen cosas chingonas, la Selección Mexicana sigue imaginándoselas”, por supuesto con sus miles de variantes.

Todo esto a raíz de la entrevista de Javier ‘Chicharito’ Hernández con David Faitelson, donde mientras el entrevistador quería dejar en claro que el nivel del Tri no da para siquiera unos cuartos de final, el entrevistado apelaba a un cambio de mentalidad e incitaba a afición, medios y jugadores mismos a ver más allá diciendo: “imaginémonos cosas chingonas, carajo”.

Como muestra de que en México (y varios lados más) lo que digas puede y SERÁ usado en tu contra, a Hernández le salió el tiro por la culata. Tras las derrotas ante Suecia y Brasil, son muchos (incluyendo gente en medios de comunicación) los que han tomado esa frase como lanza para atacar la actuación del seleccionado nacional y sus compañeros en Rusia 2018.

Esto surge especialmente cuando vemos a otras selecciones tener éxito tras pasar por condiciones adversas. Croacia es el mejor ejemplo; no falta aquel que vea el ejemplo croata de llegar a la final en su corta historia como nación y con una población que no llega ni al 5% de los mexicanos que vivimos en el país, para decir que ellos no imaginaron cosas chingonas, las hicieron.

Sin el afán de defender a Hernández, su declaración (que tenía una intención positiva) no fue mala, pero sí estaba incompleta. Por supuesto que Croacia se imaginó llegar a una final del Mundial, claro que Bélgica se imaginó ser de los cuatro mejores del mundo, es evidente que Francia se imaginó volver a pelear por un título mundial. Lo importante es que entendieron que imaginarse las cosas, es solo el PRIMER paso de muchos.

Ninguna selección (equipo, artista, profesionista, científico, etc.) que ha trascendido ha llegado a sus partidos “a ver qué pasa”, a ninguna va a decir “yo vengo a hacer cosas chingonas” y si le preguntas “¿qué vas a hacer?” te conteste, “no sé, yo solo vengo a hacer cosas, no a imaginar”.

Claro que los casos antes mencionados y muchos más se imaginaron cosas chingonas y después, con base en esa visión, hicieron planes, plantearon objetivos y estrategias que los llevaron a conseguir meta tras meta y a fallar en otras. Después hubo que cambiar un poco el rumbo y ajustar, pero a final de cuentas ese gran objetivo que en un principio solo estaba en la imaginación, se alcanza gracias a las acciones que se llevan a cabo posteriormente a la visualización.

Muchas veces se malinterpreta la maquiavélica frase de que “el fin justifica los medios” como que todo es válido para alcanzar una meta, pero su significado real, es que el fin determina la estrategia, los pasos a seguir y los elementos a utilizar para conseguirlo.

Es un absurdo pensar que algo se puede alcanzar sin imaginarlo, sería como querer llegar a un lugar con los ojos cerrados y sin tener una noción de a dónde se tiene que llegar y sin tomar en cuenta el camino que hay que cruzar para llegar. Igual de absurdo es creer que se va a llegar a un lugar solo imaginándolo, sin caminar o sin moverse.

Es por ello que SÍ hay que imaginarnos cosas chingonas, siempre y cuando después de imaginarlas, establezcamos un plan con acciones concretas que nos lleven a conseguir el objetivo y después ejecutar ese plan, con las adecuaciones que sean necesarias a lo largo del camino.

El verdadero lugar de la mujer en el futbol

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El verdadero lugar de la mujer en el futbol es a un lado de la cancha como parte de un grupo de animación…

…y en la tribuna como espectadora, y vendiendo alguna bebida o botana, y cuidando la seguridad de los asistentes, y en los palcos o las oficinas disfrutando del partido o haciendo negocios, y en las bandas apoyando las decisiones arbitrales, y en el centro del campo haciendo que se cumplan las reglas.

También en el banquillo dando indicaciones y planteando la estrategia; obvio, en el campo disputando balones, haciendo proezas, cometiendo errores y brindando un espectáculo. Por supuesto, en una cabina o en un asiento reservado para prensa, reportando lo ocurrido en la cancha o analizando estrategias, parados tácticos, jugadas, etc. De igual manera, su lugar está en la presidencia de los equipos, en las federaciones deportivas tomando las decisiones importantes para llevar a mejor puerto el deporte.

Durante décadas se manejó el lema de “el futbol es un deporte de hombres”,  inclusive, una muestra de esta postura quedó plasmada en una de las cintas futboleras mexicanas más recordadas; El Chanfle. Justo en el momento en que nace la hija del personaje principal en pleno Estadio Azteca, el protagonista dice “va a ser futbolista”, a lo que el doctor del equipo le responde que no, porque “las niñas no juegan futbol” -es justo ahí que se entera que el que pensaba sería su hijo, en realidad es una niña-.

Los años y toneladas de esfuerzo de muchas mujeres alrededor del mundo nos han demostrado lo contrario, sí que pueden jugar futbol y no solo eso, hay excelentes árbitros, entrenadoras, médicos y muchas más que se desempeña de manera excepcional en el mundo del deporte. El problema es que a pesar de haber demostrado esa valía, la gran mayoría se sigue enfrentando a las mismas trabas de siempre; menores sueldos o ser relegadas a papeles de mera imagen, esto se hace especialmente evidente en los medios deportivos.

Si hay alguna colaboradora que le guste estar ahí por imagen y disfruta esa parte, qué bueno (no estamos aquí para juzgar), pero hay quienes a pesar de ser grandes analistas e inclusive tener una lucidez y/o intelecto mayor al de sus compañeros varones, tienen que optar por ese papel de “adorno”, simplemente para poder trabajar. También hay casos muy dignos de mujeres que se han mantenido firmes en su postura y que día con día, demuestran que el profesionalismo y la seriedad, no distinguen entre cromosomas X o Y.

Es así que aspiramos a un mundo donde las cadenas televisivas, radiales y los medios impresos, aterricen la idea de que para llegar a las mejores conclusiones (hasta en algo tan “trivial” como el futbol) se deben tomar en cuenta todas las perspectivas, enfoques y opiniones, donde el género no importa. Es así que hacen falta más analistas y comentaristas que aporten ese punto de vista que por años ha sido ignorado y en ocasiones desdeñado.

La muestra perfecta de que un proyecto con el apoyo adecuado puede brindar buenos resultados, es el reciente título de CONCACAF de la Selección Mexicana Sub-20. La Liga MX Femenil lleva tan solo una temporada, pero en el torneo de la zona, se vieron destellos que hay talento con el qué trabajar y con el que se pueda armar un plan a mediano y largo plazo, para ¿por qué no? pensar en algo similar a los logros de las Selecciones Varoniles Sub-17 y Sub-20.

Si bien no se tendrá el mismo despliegue físico y en algunas ocasiones, técnico, es hora de prestarle mucha mayor atención a la liga Femenil por sus propias virtudes. Los juegos aún son muy leales, se ve una mayor sed de triunfo que en muchos de los jugadores varoniles. Las jugadas no tendrán la misma magia que muchos de los hombres han pulido durante décadas de apoyo y preparación, pero es una manera de jugar más honesta , más “pura”, que no se ha visto afectada por tantos vicios como los tiene el futbol de varones.

Es hora de que los partidos cobren mayor repercusión y con ello traigan más patrocinadores, inversionistas y poco a poco se convierta en un negocio rentable que permita incrementar el sueldo a las jugadoras profesionales y en un determinado momento, tener una mayoría de futbolistas que solo se dediquen al futbol, como en el caso de su contraparte masculina.

Así como muchas jugadoras no tienen tantos vicios deportivos, un grupo de dirigentes femeninas en el futbol tampoco tendrían tan arraigadas las prácticas que por años han manchado al balompié. Con una representación así, podríamos incluso pensar que no existiría un “pacto de caballeros” (¿o de damas?) y que esos nuevos puntos de vista, serían un refresco más que necesario a la estructura futbolística mexicana.

Tristemente, todas estas palabras las escribo más como un deseo que como una posible realidad en un corto o mediano plazo y no solo aplicado al futbol. El balompié solo fue un ejemplo, pero en todos los aspectos de la vida cotidiana, no tendríamos que preguntarnos ¿cuál es el papel de la mujer? Pues esa pregunta tiene una respuesta muy simple, que no siempre se ha podido dar, …“el que ella quiera”.

With a f#$&n lot of luck…

MexicoGoldCupPaul McCartney dice en una de sus canciones: “With a little luck we can help it out, we can make this whole damn thing work out (Con un poco de suerte podemos ayudar, podemos hacer que toda esta maldita cosa funcione)”, pero si “esta maldita cosa” fuera la Selección Mexicana, entonces creo que necesitaríamos “a f#$&n lot of luck (un c#$&o de suerte).

Hay quienes dicen que la suerte no existe, que uno mismo la crea. Si bien es cierto que entre mejor preparado estés, será más fácil enfrentarte a muchas circunstancias. Pero también es cierto que hay muchas cosas que no están bajo nuestro control y que en ocasiones nos pueden ayudar o nos pueden perjudicar. La gestión de Juan Carlos Osorio al frente del Tri ha estado llena de factores externos que le hicieron muy fácil permanecer invicto por 11 partidos y extender la racha de la Selección a 22 juegos consecutivos sin derrota.

Claro, para conseguir resultados tienes que hacer (al menos) algo bien. Son precisamente los resultados el mejor escudo de aquellos que defienden la era Osorio. Un cuadrangular casi perfecto, 14 puntos en el hexagonal, cuartos de final en la Copa América Centenario, semifinal de Copa Confederaciones y semifinal de Copa Oro son los argumentos para defender al colombiano, especialmente si se le compara con procesos anteriores.

Lo que muchos de ellos no consideran, es que muchos de esos resultados positivos son meramente circunstanciales. Ojo, no trato de atacar al técnico del Tri, ni ser una más de las voces que piden su salida, simplemente recordarle a la gente que la suerte ha jugado mucho en su favor.

Se está caminando sin preocupaciones en una eliminatoria mundialista luego de dos procesos donde se sufrió de más. Eso sí, las muchas circunstancias más allá de la cancha le han echado la mano al cuadro azteca.

Uno de los principales logros de la Selección de Osorio fue el ganar en San Pedro Sula por primera ocasión desde 1965. Sí, una victoria histórica, pero lo que buena parte de los defensores del Predicador olvidan mencionar es que fue ante un equipo hondureño en reconstrucción, que vive un cambio generacional importante y que poco tiene que ver con su versión del 2014.

México volvió a ganar en el Cuscatlán luego de siete años de no lograrlo. Sin embargo, fue ante una selección salvadoreña cuya federación vive uno de los peores momentos de su historia.

Probablemente el mayor argumento a favor de Osorio sea el haber roto la maldición del “dos a cero” en Columbus, Ohio ante los Estados Unidos. Claro, los estadounidenses no encontraban forma de deshacerse de Jürgen Klinsmann y pasaron varios de los primeros partidos del Hexagonal Final de la CONCACAF tendiéndole la cama al técnico alemán.

Aunado a estos resultados, la casualidad actuó en favor de los verdes en más de una ocasión. Rivales fallando opciones claras de gol, una que otra decisión arbitral a favor de México y varias veces en que los porteros se convirtieron en héroes, disfrazaban partidos que llenaban de dudas a fanáticos y comentaristas por igual con victorias y empates sin un soporte sólido detrás.

Las rotaciones, los experimentos, poco a poco fueron mermando en la confianza que se tenía sobre el seleccionador.

Lo que sí debemos reconocerle a los seleccionados, es ese momento de lucidez donde supieron anotar goles sin importar su posición (especialmente defensas). El saber aprovechar ocasiones de gol en momentos clave, ha sido la mayor virtud del cuadro nacional.

El ejemplo más claro de que la diosa Fortuna le sonreía a Osorio y los suyos y que mostró su total dependencia, fueron los dos partidos ante Chile del 2016. El primer cotejo terminó inclusive con una victoria mexicana contra una Roja que se cansó de fallar ante la portería del Tri.

Luego vino uno de los dos mejores partidos de la Selección en la era del estudioso colombiano, la victoria ante Uruguay en la Copa América Centenario. Sin embargo, en cuartos de final, la historia fue totalmente distinta. La suerte no se vistió de verde en Santa Clara, California y Chile dejó de fallar sus oportunidades. Resultado: la peor derrota en partidos oficiales de la Selección Mexicana.

Muchos hubiésemos tomado ese partido como una simple llamada de atención, un evento único y que debería despertar el orgullo interno de los jugadores. Además, era el primer descalabro con Osorio al timón.

Eso hubiésemos hecho, si la historia no se hubiese repetido un año después. El otro partido memorable del Tri llegó con el empate ante Portugal (donde también los lusos fallaron oportunidades a placer) en la Copa Confederaciones. Solo para llegar a una semifinal contra un equipo que no necesita la suerte, son tan implacables que en menos de 15 minutos ya tenían el partido resuelto; Alemania.

Otra humillación con ese 4-1 donde, sí, se tuvo el control, se presionó a los teutones, pero solo porque ellos lo permitieron. Al final Portugal daría la estocada final llevándose el tercer lugar del torneo de la mano de la fortuna (ese gol de Pepe en los minutos finales).

Para colmo de males, Jamaica (quien no clasificó siquiera al hexagonal) le hizo ver su (falta de) suerte a los mexicanos en la Copa Oro.

Es cierto, el técnico y los jugadores no tienen la culpa, ni el control sobre elementos extra cancha que los ayuden o los perjudiquen. Han sabido aprovechar la mayoría de ellos y los problemas del Tri están muy dentro de sus raíces.

La Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) decidió darle continuidad al proyecto hasta su culminación tras el Mundial de Rusia 2018. Juan Carlos Osorio no se irá, pero aunque lo hiciera, otro técnico a lo máximo que aspiraría sería a un cuarto partido por obra y gracia de la motivación a los jugadores.

Ya resignados a la estadía de Osorio, el panorama para el Tri solo se ve positivo si la suerte vuelve a acompañar a los mexicanos hacia Rusia. No hay nada en los últimos partidos que me haga cambiar de opinión sobre que México, por primera vez desde 1994, no avanzará de la fase de grupos.

No se trata de pesimismo, ni derrotismo, ni desearle el mal a la Selección, simplemente, la suerte sería la única arma que podría utilizar el combinado nacional para llegar al ya acostumbrado cuarto partido.

Osorio pondrá su destino en manos de la suerte, primero para poder confirmar el pase al Mundial (matemáticamente aún no se está clasificado), para después pedir el favor más grande que pudiera pedir. Al haber perdido la Copa Oro, México ya no puede ser cabeza de serie, entonces la única opción que queda es que le toque un grupo accesible, de preferencia, el grupo del local, Rusia, aunque las probabilidades de quedar en el Grupo A tres mundiales seguidos no son muy altas.

Eso, o que las circunstancias hagan que al menos dos de las otras tres selecciones lleguen en un mal momento o con otras preocupaciones. El punto es que el futuro de la Selección depende o de un milagro, o de cuestiones que no están bajo el control del cuerpo técnico, ni de los jugadores.

México no necesita un poco de suerte, como dice Sir Paul, necesita un c#$%o de suerte si es que quiere al menos llegar al cuarto partido en Rusia 2018.